The Beatles de 1956 a 1970 + documental 1982


"Paul se impresionó porque John tenía una banda.
Y John, porque Paul sabía afinar guitarras.
Ese primer año, dejo mucho que desear.
Todavía en la escuela, tocaban donde podían,
transportaban los instrumentos en autobús,
sufrían la indiferencia del público sin que les pagaran…
pero ellos aún soñaban con la fama..."

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Comienzos

1956 – 1963

Mediados de los cincuenta, el mundo acaba de vivir la guerra más destructiva y el progreso se vislumbra detrás de una pesada rutina de reconstrucción y trabajo diario. La Humanidad ha quedado desengañada de unos ideales que parecían infalibles, pues se ha visto que la democracia es un sistema incapaz de evitar una guerra y que ha permitido la llegada al poder del destructor fascismo.

En medio de aquella desolación, los jóvenes de entonces parecían ajenos a la situación. Para ellos el mundo era un lugar para ser conquistado y disfrutado, y para ello el medio ideal era aquel vibrante ritmo que acababa de surgir a partir del rythm and blues negro: era el Rock and Roll. Esta atrayente música fue concebida en 1955 con la publicación del “Rock around the Clock” de Bill Haley. Muy pronto, en 1956, el “Heartbreak Hotel” de Elvis Presley consagró el éxito del rock and roll en medio planeta.

Millones de chicos soñaban con emular al joven de Tupelo de las caderas bamboleantes. Uno de aquellos chicos era John Winston Lennon. Estudiante en la Quarry Bank School de Liverpool, era un rebelde Teddy Boy embutido en sus prendas de cuero, que no parecía mostrar mucho respeto hacia la autoridad de sus mayores. Sin embargo, no fue Elvis Presley con su cúmulo sexual directamente heredado de la música negra americana de quien recibiría su definitiva influencia, sino del sonido Skiffle, la versión inglesa del rock and roll americano personalizado en Lonnie Donegan y su éxito con la canción “Rock Island Line”, música básica que bien se podía recrear con palos, alambres y latas de conserva. Cuando por fin una guitarra cayó en sus manos, John vio más cerca que nunca la posibilidad de emular a sus ídolos y así, en compañía de su amigo de la juventud Peter Shotton, fundó un grupo de skiffle bautizado como Los Quarrymen, en homenaje a la escuela donde estudiaban. Poco a poco fueron incorporando nuevos miembros al grupo, hasta que en el verano de 1.957, un amigo de John llamado Ivan Vaughan le presentó a otro chico. Ese otro muchacho se llamaba Paul McCartney. La semilla de Los Beatles había sido plantada. Paul fue admitido en el grupo y, en pocos meses, él y John se hicieron casi inseparables. Paul, que a pesar de ser más joven que su compañero tenía más dominio en el manejo de la guitarra, le enseñaba a John muchos acordes nuevos que él desconocía. En otoño, John ingresó en una escuela de arte que quedaba cerca del instituto en el que Paul estudiaba, el Liverpool Institute, y a finales de año Paul le presentó a John a un compañero de su mismo instituto, se llamaba George Harrison. Los Quarrymen quedaban consolidados con John, Paul y George. Para entonces se habían planteado ya un sonido más excitante, y pasando por los artilugios caseros de su Skiffle a un genuino Rock and Roll, se dedicaron a buscar el equilibrio entre sus posibilidades y sus sueños.

En ese momento, muchos grupos buscaban su camino, un estilo nuevo que concordara con la nueva década que se aproximaba. El Gerry Marsden Skiffle Group, por ejemplo, pasó a llamarse Gerry and the Pacemakers, y los Quarrymen no eran ajenos a esta ola de renovación. En el invierno de 1957 surgió un nuevo ídolo en los Estados Unidos, era Buddy Holly, y su grupo los Crikets, escribía y tocaba sus propias canciones, llenas de un carácter nuevo, más cercano a lo que hoy conocemos como pop. Fue el éxito necesario y último para que Lennon y McCartney empezaran a componer sus propias canciones. Al mismo tiempo los Quarrymen pasaron a llamarse Johnny and the Moondogs, e incluían a Stuart Sutcliffe, un compañero de escuela de John a quien convencieron para que se uniera al grupo como bajista a pesar de que su verdadera vocación era la de pintor. Los baterías se suceden uno tras otro al no encontrar a alguien que congeniara con el gusto musical del núcleo del grupo formado por John, Paul y George, que por otra parte se iban alejando cada vez más de su entorno estudiantil para dedicarse de lleno a ensayar un repertorio que incluía temas de sus héroes e inspiradores: Presley, Buddy Holly, Chuck Berry y Everly Brothers.

Entre toda esta marea de cambios el más importante fue la inclusión de Pete Best, un batería con el que se presentaron a una serie de audiciones que desembocaron con los Beat Brothers tocando casi a diario en pequeñísimos clubs de Liverpool, hasta que en Agosto, el dueño del club Jacaranda les ofreció la oportunidad de viajar a Hamburgo, como actuación diaria y fija del club Kaiserkeller, donde después de interminables sesiones de hasta ocho horas ante marines norteamericanos y fanáticos alemanes del rock, conocieron a algunas personas que serían importantes en el futuro inmediato del grupo. Personas como Klaus Voorman, amigo y colaborador de posteriores etapas de los Beatles, y a la fotógrafa Astrid Kirchherr, que fue la responsable del abandono del grupo por parte de Stu, al hacerse novios, no sin antes impactar en el grupo con la decisión de peinarles con el cabello hacia delante, importantísimo aspecto en la construcción del icono Beatles. El entusiasmo se apoderó el espíritu de los chicos, que se vino abajo cuando la policía alemana descubrió que George era menor de edad y es obligó a abandonar Alemania.

El sueño se tambaleaba y por un momento se les dibuja un futuro imposible. No se desaniman, y mientras esperan que George cumpla la mayoría de edad, se dedican a dar conciertos en su Liverpool natal. Cuando por fin llega el ansiado día deciden embarcarse de nuevo hacia Hamburgo, esta vez para tocar en un club algo más prestigioso que el Kaiserkeller: el Top Ten, las anfetaminas para combatir el cansancio de su pesado trajín frente a un público cada vez más amplio y la proposición de grabar un disco para la casa Polydor, como grupo de acompañamiento para un tal Tony Sheridan, fotocopia del ideal pop de esos días: Cliff Richard y los Shadows. El grupo había cambiado entonces su nombre, primero a Silver Beatles y luego finalmente a Beatles.

El disco es francamente derivativo, anodino si no fuera por la voz de Lennon cantando “Ain’t she Sweet”, un clásico americano y “Cry for a Shadow”, un instrumental compuesto en toda la tradición “Shadow”; el nombre lo dice todo, por John Lennon y George Harrison. Lo cierto es que esta experiencia hizo que Liverpool se fijara más en ellos, y su regreso estuvo marcado por la primera manifestación de fanatismo por parte de un público joven y con ganas de admirar, de gritar, de endiosar. Instantáneamente sus actuaciones se van haciendo cada vez más histéricas y los Beatles, saboreándolo, se entregan por completo.

Destaquemos que a Liverpool sólo regresan cuatro, Stu opta por continuar su relación amorosa con Astrid Kirchherr y el grupo queda casi conformado casi como siempre los hemos conocido. De repente Brian Epstein, dueño de una tienda de discos, se hace eco de lo que sucede en The Cavern, y se propone ser manager del grupo. El ambiente en The Cavern es casi irreal, oscuro, húmedo y lleno de humo, ambiente con el que concordaba perfectamente el repertorio de los Beatles, Rhythm and blues subido de volumen, repleto de armonías vocales y a pesar de que interpretaban pocas canciones propias, se notaba ya un verdadero distanciamiento de la música que predominaba en las listas, es decir, pop de reclamo falsamente sensual de grupos engominados y trajeados y más bien nada irreverentes. Los Beatles por el contrario ofrecían toda una serie de elementos nuevos: desde su nombre, aparentemente una broma, Beatles, o sea “sin ritmo”, hasta que su imagen de ropas oscuras y botas puntiagudas y su cabello largo y de geométrico flequillo.

Brian Epstein les propone un contrato de promoción bastante generoso y los Beatles aceptan. Se proponen sacar un disco, pero no hay compañía que apueste por “rock de guitarras”, que era un calificativo peyorativo en el ambiente post Shadows de la época. Brian Epstein llegó a los Beatles por una legendaria y anónima petición de su tienda, un grupo desconocido que él quería hacer famoso, y la manera real de conseguirlo era grabar un disco fuese como fuese. Había que satisfacer esa crucial y anónima petición.

Por supuesto, conseguir una compañía tomó su tiempo, tiempo que los Beatles aprovecharon para consolidar su fama como el grupo más importante del nuevo sonido, que se bautiza con el nombre de Merseybeat, sonido eminentemente circunscrito a la escena de Liverpool y sus alrededores, el Merseyside: opuestamente al resto del Reino Unido la juventud se inclinaba más hacia el Rhythm and blues que al sonido “twang” que reinaba en las ondas de la radio y las listas de éxitos, lleno de falsos clones de Presley y Cliff Richard. Los nuevos grupos de Liverpool aunaban, en cambio, algo de su herencia skiffle a la excitante música del Rock and Roll americano. El resultado encarnado por Gerry and the Pacemakers, Los Searchers y por descontado a los Beatles, llenaba cada ver más los clubs de la ciudad, y se crearon a su sombra publicaciones locales exclusivamente dedicadas al nuevo género, en las que nuestros Beatles ocupaban lugar relevante. Precisamente Merseybeat era el nombre de la publicación que bautizó para siempre el nuevo movimiento. Los Beatles, mientras tanto, hacían tiempo tocando noche tras noche en The Cavern, como cogiendo fuerza y energía en sus ya bastante numerosos seguidores; las colas para las sesiones de mediodía incluían a todo tipo de gente, desde dependientas a oficinistas.

Durante 1962 Brian Epstein decidió que había que volver a Hamburgo por vez tercera, esta vez para llegar al Star Club donde vuelven a reunirse con Stuart, que muere poco después de una hemorragia cerebral.

Vuelta a Liverpool, esta vez para la crucial audición con una subsidiaria de la EMI, Parlophone, con la que finalmente lograrían un primer disco, no sin antes haber despedido a Pete Best, el guapo del grupo, reemplazándolo por Richard Starkey, un batería que habían conocido durante sus estancias en Hamburgo. Richard, que se hacía llamar Ringo Starr, había tocado en un grupo de Liverpool llamado Rory Storm and the Hurricanes, y desde el principio se amoldó perfectamente al estilo de los Beatles.

George Martin, que era el que accedió por parte de Parlophone a hacerles una prueba, se había percatado de que Pete Best no era apropiado para grabar disco alguno, y había encontrado por su parte a un tal Andy White, ignorando que los Beatles tenían su propia solución al problema. Al final, llegan al acuerdo de grabar dos canciones de John Lennon y Paul McCartney: “Love me do” y “P.S. I Love You”, pero con Andy White a la batería y Ringo a la pandereta y a las maracas, George Martin estaba entusiasmado por la frescura y novedad de la música de los Beatles y se encargó del sonido de esta primera e histórica grabación realizada en los estudios Abbey Road de Londres, pertenecientes a la EMI. El resultado dejó satisfechos a todos.

En Octubre de 1962, “Love Me Do”, sale a la venta y tomando en cuenta la falta de publicidad que pudiera competir con los que en ese momento se encontraban en las listas de éxitos, el disco se sitúa en un honroso puesto 17 de las listas nacionales, gracias al considerable impulso que recibió de sus ya entregados fans de Liverpool. Las ondas de radio dejan oír esta música desgarbada y simple con un estribillo casi infantil y muy pegajoso. Guitarras, armónica y armonías vocales frescas sirvieron para que mucha gente les conociera, aunque todavía nadie los tomara muy en serio.

John, Paul, George y Ringo se encaminaban, ignorantes de su futuro, a convertirse en la revolución cultural más importante de la última mitad del siglo veinte, pero todavía faltaba una explosión desencadenante.

Beatlemanía

1963 – 1966

George Martin, Brian Epstein y nuestros Beatles, observaban atentos el progreso de “Love me do”, y a pesar de todo se sintieron con el entusiasmo suficiente como para entrar nuevamente al estudio y registrar su siguiente single.

El 26 de noviembre de 1962 graban “Please please me”, no sin antes discutir con George Martin, debido a que éste pretendía que los Beatles grabasen la canción de Mitch Murray “How do you do it” y en cambio John y Paul querían una canción propia. Todo se resuelve cuando con gran entusiasmo tocan “Please please me” y George Martin se da cuenta enseguida de la superioridad de posibilidades de la composición de Lennon – McCartney frente a su propia propuesta.

“Please please me” se publica el 11 de enero de 1963, y pocos días después, el 19 de enero, los Beatles tienen su primera aparición para la televisión de todo el país, durante un show de música pop llamado “Thank you lucky stars”. Cada grupo aparecía con un montaje especial y los Beatles salieron al aire enmarcados cada uno en un gran corazón. Brian Epstein había pensado en algunos aspectos de la imagen que luego resultaron mágicos: el cabello limpio, largo y peinado hacia delante y los trajes siguiendo los preceptos de moda de Coco Chanel: cuellos pequeños enmarcando el rostro y unas enormes e incansables sonrisas; el resultado era al mismo tiempo pulcro y algo demasiado estilizado para las modas vigentes, pero así lograron que los medios les prestaran atención.

En febrero, los Beatles se embarcaron para su primera gira nacional, como teloneros de la estrella adolescente Helen Shapiro. “Please please me” se encontraba escalando las listas, el 16 de ese mes había alcanzado el puesto número dos. En seguida fueron solicitados para su segunda aparición en “Thank you lucky stars” y en diversos programas de radio. Su fama empezaba a desbordar los límites del Mersey-side.

El 2 de marzo los Beatles habían alcanzado el número uno de las listas a lo largo de todo el país. La histeria se apoderó de Liverpool: Cuando se embarcaron para su segunda gira nacional teloneando a Chris Montes y Tommy Roe todo quedó muy claro: la audiencia cambió el orden, Los Beatles eran los protagonistas de las actuaciones, Brian Epstein se sintió feliz. El siguiente paso fue el de grabar un LP. George Martin eligió los temas, todos ellos usualmente interpretados en sus actuaciones; al final los Beatles grabaron sólo temas que les gustaban, nada de imposiciones. Todos los temas se grabaron en un tiempo récord de 12 horas terminando como solían hacerlo en directo con el “Twist and shout” de los Isley Brothers.

“Please please me”, el mismo nombre del single que le había precedido, fue publicado el 22 de Marzo de 1963.

Los críticos mostraron su admiración por un disco que tenía muy buenos temas propios, y no sólo aprovechaba la buena racha del éxito anterior, sino que era la prueba de que Lennon – McCartney eran verdaderos autores.

El 12 de abril, su tercer single, “From me to you”, se publicó apoyado por un adecuado despliegue publicitario. A pesar de la desconfianza de los críticos, se colocó en el número uno el 27 de abril. Y el LP “Please please me”, como contrapunto, se había encumbrado en las listas.

Antes, el 8 de abril, la esposa de John Lennon, en medio de un secreto celosamente guardado hacia los fans para dar la imagen juvenil requerida, daba a luz un niño: Julian Lennon.

NEMS, la empresa que publicaba la revista “Merseybeat”, y que estaba dirigida por Brian Epstein, había abierto una oficina en Londres, una en Liverpool y albergaba a un club de fans que recibía miles de solicitudes de adhesión, regalos y juguetes para los Beatles.

Seguidamente encabezaron una gira con Roy Orbison, como telonero, y pronto la histeria empezó a crecer y crecer como una bola de nieve. Todas las actuaciones estaban precedidas de gritos y ataques de nervios par parte de los fans.

Durante el verano de 1963 era imposible conseguir una entrada para ver una actuación de los Beatles si no se pasaba horas formando larguísimas colas. Tocaron el 3 de agosto por última vez en The Cavern, la 292ª y la despedida al club en el que empezaron a ser famosos. El 23 de agosto se publicaba “She loves you”. Era la canción que iba a ser la muestra de que pronto Inglaterra se rendiría a sus pies.

La “Beatlemanía” tomó enseguida cuerpo, el 11 de Octubre, cuando “She loves you” había rebasado el millón de copias vendidas, dándoles su primer “Disco de Oro”, y cuando en los periódicos aparecieron fotografías de policías y fans enfrascados en un caótico desorden a la salida de una actuación de los Beatles en The London Palladium.

Aunque algunos consideraban que esta última noticia sensacionalista fue una maniobra publicitaria, lo cierto es que la histeria existía. Las chicas gritaban hasta quedarse sin voz, lloraban, se arrojaban al suelo, convirtiendo las actuaciones de los Beatles en un permanente y ensordecedor caos, era imposible escuchar música alguna. Los periódicos habían dejado en un segundo plano la música de los Beatles para referirse a esa incomprensible locura masiva.

Se desató, en cuestión de un par de meses, toda una serie de parafernalia. Beatles, pósteres, postales, y artículos de dos páginas en todos las periódicos del país, los medios de comunicación hicieron que fuera imposible vivir en Inglaterra sin conocerlos, y no sólo eso, sino que se palpaba una verdadera intención de hacerlos amados, ídolos, revolución en el seno de una juventud que se independizaba cada vez más del mundo adulto. Pero los Beatles no sólo se hicieron populares entre los adolescentes, sino que hasta los mayores les empezaban a adorar: los Beatles eran demasiado limpios, encantadores y divertidos para constituir peligro alguno. Esto último tomó cuerpo cuando el Palacio de Buckingham los incluyó en la “Royal Command Variety Perfomance” para asistir a una presentación ante la Reina Madre y la Princesa Margarita como representantes de la Casa Real. La actuación se realizó el 4 de noviembre de 1963, frente a un público que los aplaudía de pie, corte real incluida. Al final, y antes de interpretar “Twist and shout”, Lennon hizo la célebre petición: “… los de las localidades baratas que den palmadas… el resto que simplemente haga sonar sus joyas”. Primera llamada de atención por parte de los Beatles, denotando más o menos una cierta aunque velada irreverencia ante tanta aristocracia. La prensa, en cambio, no paraba de alabarlos y cada día el “Yeah! Yeah! Yeah!” de “She loves you” se convertía en el emblema de la imparable beatlemanía.

La industria de la moda empezó a explotar el momento. Los chicos abandonaron los tupés para dejarse crecer un poca el pelo peinado hacia adelante, jerseys, chaquetas sin cuello y trajes invadieron el mercado. La prensa pasó a analizar de manera seria el fenómeno: psiquiatras y sociólogos se apuntaron a descifrar el porqué de tanto revuelo, las conclusiones eran obvias: “necesidad de escape sexual” era la tangente de dichos artículos.

No había aeropuerto, vestuario, teatro e incluso casa en donde los Beatles se sintieran liberados del acoso de los fans. Pronto la presencia de la policía era indispensable allí donde los Beatles fueran, el riesgo era el caos total.

“With the Beatles”, segundo LP de John, Paul, George y Ringo, se había grabado durante julio y era editado, con más de doscientas cincuenta mil copias vendidas de antemano, el 22 de noviembre de 1963. En Navidad “I want to hold your hand” llegó al número uno el mismo día de su publicación, al vender más de un millón de copias, convirtiéndose en el disco más vendido de la historia. Las listas de los LP´s estaban monopolizadas por los Beatles desde abril, con “Please please me” y ahora “With the Beatles”, situación que duraría hasta mayo del siguiente año, y todos sus singles entre los puestos más altos.

Antes, y como repuesta al éxito de sus primeros singles, se habían embarcado en su primera gira extranjera, tocando en diferentes ciudades de Suecia durante el mes de octubre, gira que les preparó para su muy próximo objetivo: la conquista de América.

1964, gira invernal por Inglaterra: una pesadilla; el éxito se hizo desmesurado, además de las masas que eran capaces de todo por un autógrafo o “algo de los Beatles”, los periodistas también empezaron a convertirse en un asedio insoportable. Pronto Brian Sommerville se convertiría en su delegado de prensa. El material comercializado con el nombre y la imagen de los Beatles había aumentado exageradamente y Brian Epstein se vio obligado a conformar junto con sus abogados sendas compañías que se encargasen de todo lo relacionado al derecho a la propiedad. Se crearon Stramsact para el control de Inglaterra y Europa y Seltaeb, Beatles al revés, para las licencias americanas cuando hiciera falta. El resultada fue un contrato nada favorable para NEMS, la empresa de Brian Epstein, lo cual desvelaba su ingenuidad y su falta de experiencia para el asunto tan enorme en el que se habían convertido los Beatles.

Era el momento de ir a América. “I want to hold your hand” salió a la venta el 13 de enero de 1964, después de que en un principio, Capitol, la etiqueta americana de EMI, se negara a publicar nada más de los Beatles, en vista del discreto éxito que tuvieron “Please please me”, “From me to you” y “She loves you”. Pero mientras los Beatles realizaban una serie de actuaciones en Francia, con frío recibimiento por parte del público, John, Paul, George y Ringo se quedaron anonadados: “I want to hold your hand” había alcanzado el número uno en América. Dos presentaciones en el prestigioso “Show de Ed Sullivan”, el 9 y el 16 de febrero, les esperaban.

Al llegar al Aeropuerto Kennedy, New York, el 7 de febrero de 1964, la visión de una multitud que se estimaba hasta en diez mil personas, fue la prueba de que América sería relativamente fácil de conquistar, pero nuestros Beatles no salían aún de su asombro.

Su aparición en el “Show de Ed Sullivan” fue presenciada por 73 millones de televidentes. El 11 de febrero actuaron en el Coliseum de Washington, un día después en el Carnegie Hall, luego su segundo “Show de Ed Sullivan”, batiendo récords de difusión.

De vuelta a Inglaterra y a la histeria de los aeropuertos para empezar el rodaje de “A hard day’s night”, su primera película, durante el mes de marzo.

La película, dirigida por Richard Lester, era el resultado de un atento estudio de las actitudes usuales de John, Paul, George y Ringo, incluyendo hasta su forma de hablar; el resultado eran tomas y tomas de carreras, saltos y ocurrencias humorísticas combinadas con un excelente soundtrack, en un intento por acercar a los Beatles, más o menos cotidianos, a sus fanáticos seguidores.

Richard Lester, por su parte, había sido el director de películas como “The Running Jumping and Standing Still Film” (1959) y “It’s Trad, Dad” (1961), en los que su afianzamiento en la combinación de rápido humor inglés y más veloz montaje, contribuyeron a darle a “A hard day’s night” un inconfundible toque de frescura y sano optimismo, que en el fondo era el meollo del mensaje en la música de los Beatles: vida energética, positiva e idealista, plena de buenos propósitos y que en el fondo significa la avidez del buscador inocente y nuevo. La actuación de Lennon como el feliz anarquista y la de Ringo como el melancólico solitario encandilaron al público. Esta era la cúspide de la aceptación general y la adecuación, por parte de los Beatles, a lo que el sistema esperaba de ellos. No es nada raro, pues, que la Reina asistiera a su estreno, en julio de 1964.

“Can’t buy me love”, el sexto single, y parte del soundtrack y tercer LP de los Beatles, fue puesto a la venta el 20 de marzo, anunciando el próximo estreno de la película aún sin titulo definitivo. Fue Ringo quien en un casual comentario, aludiendo a un pesado rodaje, pronunció “A hard day’s night”, bautizando película y canción casi sin proponérselo. “Cant buy me Love” fue un estupendo adelanto de todo esto, en Inglaterra y Estados.

Unidos se catapultó al número uno instantáneamente, con pedidos anteriores de tres millones de copias.

Mientras los Beatles esperaban el estreno de la película se embarcaron en una gira que les llevó por Europa, Hong Kong, Nueva Zelanda y Australia, donde la mayor multitud de su historia, 300.000 personas, los recibían en Adelaida.

Después del debut de “A hard day’s night”, en agosto de 1964, emprendieron una nueva gira, esta vez por Norteamérica. 24 ciudades, 36.107 Km, 70 horas de viaje, se invirtieron en una interminable cadena de ruedas de prensa, actuaciones y por supuesto, histeria a punto límite.

Era peligroso ser un Beatle por aquel entonces. Lennon empezaba a dar muestras de cierto hartazgo pero nada podía hacer. La recién estrenada película no hizo sino llevar la Beatlemanía a los cines, en donde se vociferaba, casi idénticamente que en sus presentaciones en directo.

En octubre de 1964, después de 13 años de gobierno del Partido Conservador, éste era derrotado por el Partido Laborista bajo el liderazgo de Harold Wilson, político que enseguida tomó nota de lo ventajoso que podía ser comulgar con el mundo pop y los incluyó en la Lista de Honores de 1965, autoglorificándose. Los Beatles fueron condecorados y hechos miembros de la Orden del Imperio Británico. La reacción por parte de antiguos participantes en guerras fue la devolución, en señal de protesta, de sus propias condecoraciones. La respuesta de John fue “… se supone que esto lo ganas por matar gente y cosas así, nosotros sólo divertimos a la gente, creo que nos la merecemos más… “. Aunque George opinaba desconfiado: “… no creo que se obtenga este tipo de cosa sólo por tocar Rock and Roll”, Paul preguntó con ambigüedad “¿esto hace Lord a mi papá?”, y Ringo dijo que él “… le limpiaría el polvo cuando fuera mayor”. El 4 de diciembre fue editado su cuarto LP, “Beatles for sale”. El enorme éxito de estos últimos años se reflejó inmediatamente en su riqueza, coches lujosos y casas. Y su afición a la marihuana dio enseguida paso a otras drogas más complicadas y visionarias. El LSD estaba a la vuelta de la esquina, pero los Beatles aún se divertían lo suficiente con hierba, y de paso les ayudaba a combatir el pesado trajín de ser Beatle 24 horas al día.

“Beatles for sale”, fue un disco tibio en comparación con “A hard day’s night” y denotaba el cansancio de tanta gira y atención. Mientras “A hard…” nos mostraba a los Beatles dominando su estilo beat-armonías a la perfección, con canciones banales pero imposibles de sacar de nuestra mente por la pericia de su estructura e inspiración, “Beatles for sale”, en cambio, no tenía esa chispa inescapable, canciones correctas sí, pero no obras maestras como las del disco que le precedía. Esto fue motivado en gran parte por la prisa que mostró su compañía por editar un disco para Navidad. Los Beatles se vieron obligados a echar mano de versiones de sus siempre favoritos Chuck Berry o Buddy Holly (recursos que siempre mostraron a lo largo de su carrera: el volver siempre a sus raíles en el rock y el rythm and blues americano cuando la inspiración propia menguaba) y a componer a toda prisa, mientras realizaban su gira americana. Estos contratiempos no fueron, sin embargo, tomados en cuenta por sus fans y el disco desbancó a “A hard day’s night” de la cabeza de las listas.

1965, mitad exacta de la década, los Beatles son dioses, millonarios y en gran medida anunciadores de lo que ese año tomó forma: El Swinging London. El mundo de la moda, el arte, el cine, estaban articulados y respaldados por un importante trasfondo pop, convertido ya no en música solamente, sino en toda una nueva manera de sentir y vivir el mundo; la revolución juvenil había tomado las calles de las capitales del mundo vía Londres. Chicas en minifalda, chicas con melenas cada vez más largas, colorines, ruido, pop art.

Resultado de todo esto es su nueva película y por consiguiente su nuevo soundtrack, quinto LP del grupo: “Help!”, que salió al mercado en agosto de 1965. Los temas fueron compuestos antes de su gira americana de mediados de año, y la película, dirigida otra vez por Richard Lester, era esta vez en color y se filmó en Inglaterra, Austria y Bahamas, con aventuras al borde del surrealismo en las que Ringo es cl protagonista. Originalmente titulada “Eight arms to hold you” se le cambió el nombre para potenciar el éxito de la excelente canción que llevaba el mismo nombre.

“Help!” es un LP de clara transición, su grabación les llevó a experimentar el uso de cambio de roles, con Paul tocando la guitarra solista en “Another Girl”, y John el piano eléctrico a lo largo del disco, pero por supuesto la novedad más importante era la incursión de George Harrison como compositor de “I need you” y “You like me too much”. Lo demás era la cada vez mayor sofisticación compositiva de las canciones y la incursión en temas no amorosos, paso notable que se expresaba claramente en una de las cimas compositivas del grupo: “Yesterday”, a cargo de Paul, canción que les hizo abandonar la perfección alcanzada en el uso de estribillos plagados de “yeah”, para expresarnos sentimientos más bien introspectivos y mucho más íntimos sobre el pasado, el mañana y el descontento: una melodía gentil y un piano. El éxito de “Yesterday” no fue sólo las listas y las ventas y toda la adoración, de la que ya gozaban, sino el asombro de los críticos que se apresuraron a encumbrar a los Beatles junto a genios de la música clásica, como Mozart. Se convirtió en la canción más versionada de compositor alguno, se cuentan casi 5.000.

De todas maneras hay que tomar la música de “Help!” como antesala del enorme paso que darían los Beatles en su muy próximo sexto LP, que sería publicado en diciembre de 1965. “Rubber soul”, compuesto a su regreso de Estados Unidos con la tranquilidad suficiente y con la fructífera experiencia de haber conocido a fondo la obra de Bob Dylan y a los Byrds, ambos importantísimos en la evolución de la música del grupo. Los Beatles, durante su estancia en la Costa Oeste, se sintieron seducidos por los logros alcanzados por el grupo más importante nacido a la sombra de la Beatlemanía: el primer LP de los Byrds mostraba un camino mágico que los Beatles no tardarían en seguir, ayudados ahora sí, por el consumo del LSD y los hallazgos de los Byrds, melodías a medio camino entre el folk y el pop, historias profundas llenas de poesía heredada de Bob Dylan, y quizás un acercamiento sin miramientos a formas más libres y algo intelectuales que en la costa Oeste de Estados Unidos se estaba gestando, al tener los grupos, los Birds, una clara procedencia universitaria.

El resultado, pues, es uno de los mejores discos en la carrera de los Beatles, y eco perfecto de lo que se cocinaba culturalmente en el Swinging London y en la Costa Oeste americana. Temas buenísimos, como “Norwegian Wood”, repleto de figuras herméticas pero dispuestas a cualquier significación posible, temas de amor, más bien desamor, como “Run for your life” o “Think for yourself”, esta última composición de George, opiniones teñidas de ironía como “Drive my car” y la confesión existencial de “Nowhere Man”, en las que Lennon muestra las cualidades literarias que nunca se atrevió a incluir en la música de los Beatles, y que quedaban perfectamente reflejadas en sus dos libros de poesía “In his own write” (1964) y “A spaniard in the works” (1965). Por su parte Paul McCartney repetía el éxito de “Yesterday” con “Michelle”, aunque esta última sea la clásica balada de amor en vez del influjo existencial de la primera. Es importante apuntar la inclusión de instrumentos exóticos como el sitar, sustituyendo a la guitarra en “Norwegian Wood”, como claro resultado de las conclusiones de su paseo por la costa Oeste de la mano de Roger Mc Guinn y David Crosby de los Birds, y también, por qué negarlo, el sonido de la guitarra de George Harrison en “If I needed someone”.

Bob Dylan por su parte devolvió el favor del que influencia, haciendo una extraña versión de “Norwegian Waod” en su posterior LP “Blonde on blonde”, transformando toda la estructura original y la letra, aspecto que disgustó a John.

Lejos de negar influencia alguna, los Beatles se abrieron a todo lo que en esos momentos flotaba en el ambiente cultural de la época.

Todos los domingos “The Sunday Times Magazine”, era el manifiesto del ambiente de Kings Road y Carnaby Street. Páginas que la juventud de vanguardia esperaba ansiosa cada domingo, llenas de pop art y op art, fotógrafos famosos como David Hockney y Peter Blake, en suma, el momento hecho escaparate de libertad e imaginación en Inglaterra. Los únicos que podían competir con tal despliegue de glamour y color eran los Beatles.

Porque ellos fueron los responsables, junto quizás a los Rolling Stones, de que Inglaterra se llenara de grupos de rock y pop buenísimos, que más tarde se conocerían a escala mundial como “La Invasión Británica”: los Yardbirds, los Animals, Them, The Who, los Zombies, Manfred Mann, etc. Hordas, casi todas abanderadas del Rythm and blues pero que al intercambio de múltiples influencias se convertirían en un fenómeno irrepetible en la historia del rock, combinando innovación, notable en el caso de los Zombies y los Yardbirds, con revolucionaria diversión. Pero ninguno de estos grupos pudo competir con la fuerza y originalidad de nuestros chicos de Liverpool; todos estos grupos realizaron una notable obra pero se limitaron a una breve o más amplia explosión, no pudiendo trascender la coyuntural de la época. Los Beatles en cambio marcaron las pautas de tal coyuntura y podemos asegurar que, sin duda, nada de esto hubiera sido como fue si ellos no hubieran estado monopolizando el mercado y la opinión publica durante estos años previos. Los Beatles fueron necesarios, como la luz del sol de un día nuevo, superando cada paso anteriormente dado y sobre todo mostrando una manera de felicidad juvenil que antes de ellos era imposible, con cada gesto y opinión, y sobre todo con cada canción.

Así, siendo indiscutibles dueños del mundo pop, nuestros Beatles se aprestaban a dar los pasos definitivos de esta su primera era.

1966 arranca con el éxito de “Rubber soul”, ya usual en la carrera desarrollada durante estos últimos años, pero algo ha cambiado el interior del grupo, ya habían dejado de ser los cuatro chicos uniformados con cuellos altos y sano humor. Ahora no tenían reparo en sus declaraciones, sea porque su enorme fama les infundía el valor necesario para no callarse nada que quisieran decir, o sea porque el ácido les había iluminado. Repentinamente escuchábamos declaraciones en las que por ejemplo, aceptaban abiertamente su frustración como artistas: “… antes usábamos clichés, acordes que en verdad no queríamos usar, palabras que no queríamos decir, ahora ya han pasado esos días…” (John), lo cual dejaba atónita a la inmensa masa de seguidores. Pero lo más importante fue quizás la celebre profecía de, otra vez, John: “El cristianismo desaparecerá. Se desvanecerá. No tengo necesidad de discutirla, estoy en lo cierto, y se demostrará que tengo razón. Ahora somos más populares que Jesucristo… “. Se desataron a lo largo de América manifestaciones contra los Beatles, se quemaban sus discos en plazas públicas, y se prohibió su emisión radial en algunas zonas de Estados Unidos. Era lógica que la siguiente gira fuera algo peligrosa.

Se embarcan para una extensa gira por lejano oriente que los llevará a Japón y Filipinas, durante la última semana de junio y la primera de julio. En Filipinas les esperaba otro desagradable incidente. En medio de una inexplicable confusión, los Beatles se convenían en el enemigo público número uno del gobierno de Ferdinand Marcos. Antes de los conciertos que darían por la tarde, los Beatles habían sido invitados por la casa presidencial a una recepción a las 11 de la mañana de ese 4 de julio. Dicha invitación no llegó a los Beatles, y ellos ignorantes de lo que supondría una negativa, decidieron no ir a la recepción cuando el coche presidencial fue a recogerlos, puesto que estaban ¡durmiendo! Enseguida el gobierno y la prensa local se aliaron para vengar la afrenta. Al día siguiente, después de las actuaciones, empezó una pesadilla. Brian Epstein tuvo que desembolsar una gran cantidad de dinero en impuestos inventados a última hora, y así y todo su salida seguía siendo complicada. En el aeropuerto una multitud de fanáticos del gobierno quería lincharlos. John, George, Ringo y Brian Epstein soportaron golpes y patadas, pensaron que los matarían, pero lograron llegar al avión milagrosamente. Paul les esperaba ileso, porque había logrado escabullirse a tiempo de la violenta situación. Repentinamente su fama se había vuelto en su contra, estaban como obligados a complacer a todo el mundo, aún a costa de ellos mismos, y esto pronto determinó la futura etapa del grupo.

Entretanto, los Beatles continuaban su discografía, con un par de singles, “Paperback Writer/Rain” publicado en junio de 1966, y antecedido por “Day Tripper/We Can Work lt Out” publicado unos meses antes, en Diciembre de 1965. Ambos discos eran el cabo que uniría su anterior LP “Rubber Soul”, con el nuevo larga duración que estaban preparando. Aunque en “Day Tripper” todavía se nota su dependencia de las estructuras pop clásicas Beatles, podemos ver índices de que ya nada es tan simple ni inocente. Si, era una canción de amor chico-chica pero había una carga de ironía y hasta de reproche, palpable también en “We can work it out”, que más o menos nos remite a la creciente incomodidad del grupo con la fama y las fans “Paperback Writer/Rain” son un cambio totalmente ajenos a esos pequeños líos amorosos, el primero es un homenaje a Edward Lear, ídolo literario de Lennon, y una metáfora de las ambiciones literarias que ya no se preocupaba en ocultar; mientras tanto “Rain” es más libre y amorfa, jugando con las palabras y la melodía, para crear simplemente un estado de ánimo, entre melancólico y feliz, y si se permite, psicodélico, con esas guitarras subidas de volumen, y estructuras libres para la composición, algo presente en toda, o casi toda, su obra desde “Rubber Soul”.

En este punto, en el que la creatividad en estado más puro caminaba de lado del cada vez más urgente deseo de dejar el ajetreo de tantas giras, los Beatles empezaron a darle vida a su nueva obra, y a abrazar en secreto su decisión de dejar los conciertos, algo que no se les había ocurrido comentar ni a George Martin, ni a Brian Epstein, porque sabían que era una alternativa de muchísimo riesgo, pero que con las constantes amenazas de muerte por fanáticos de la religión, en Estados Unidos, a causa de la famosa declaración de Lennon, y ahora últimamente con los sucesos de Filipinas, era una salida lógica.

Entre el 14 y el 31 de agosto de 1966 los Beatles dan la última gira de la Beatlemanía, protegidos por toda clase de medidas, viajan por Estados Unidos por última vez, con el terror de ser tiroteados en cualquiera de sus presentaciones, con el desencanto del cansancio, de las sonrisas obligadas, y de la presión de los promotores, pero con la determinación de crear algo que nadie nunca antes se había propuesto en el mundo pop.

Su última actuación tuvo lugar en el Candlestick Park, San Francisco, el 29 de agosto de 1966, como presagiando el futuro de la ciudad que años más tarde se convertiría en el centro del mundo juvenil, como dando muestra de que el mañana empezaba aquí, como reafirmando, sin querer, tantas suposiciones de poderes sobrenaturales por paree de los Beatles, y en fin, despidiendo con los alzados unos años intensos y cruciales pata la cultura del planeta, años en que los jóvenes aprendieron a soñar sus propios sueños y a probar el poder de las masas, no necesariamente con fines políticos, aunque algo de eso hay por algún lado, sino el poder del sueño común, que era el corazón del movimiento juvenil del futuro, los hippies, de los que los Beatles serían más o menos padres y guías, en un constante viaje hasta el mañana.

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Madurez

1966 – 1968

En septiembre de 1966 sale a la venta el siguiente álbum de los Beatles, “Revolver”, un trabajo ciclópeo de producción arropando melodías y ritmos novísimos, frescos y vanguardistas. George Martin se había hecho perfecto cómplice de las inquietudes del cuarteto y se acopló maravillosamente a los nuevos paisajes que ofrecía la música de “Revolver”, paisajes que iban de lo clasicista a lo iconoclasta, de lo simple a lo intrincado, demostrándonos a lo largo de sus múltiples transformaciones la presencia de un amigo poderoso y diferente a todo lo que antes había sido materia prima para la inspiración del grupo: el LSD, viejo conocido y souvenir de sus recientes giras por América, y presente ya, aunque de manera tímida en algunos pasajes de “Rubber soul”, era aquí en “Revolver” el protagonista.

El disco se hizo dueño del futuro, su llamativa portada era un psicodélico collage de fotografías y caricaturas de John, Paul, George y Ringo, hecha por Klaus Voornan, antiguo amigo del grupo desde su época de Hamburgo. Trabajo que desplazó las propuestas del excelente fotógrafa Roben Freeman, encargado oficial de la imagen del cuarteto en la época de la Beartemanía. Freeman había realizado también un collage, pero el de Klaus Voorman fue elegido, tal vez, porque estaba lleno de sentido del humor y frescura juvenil y en definitiva era mucho más pop que el de su competidor. Robert Freeman se sintió desairado y abandonó su trabajo con los Beatles.

En esta marea de cambios y metamorfosis, Brian Epstein había dejado de tener la importancia que tuvo, porque ya no había giras, ni presentaciones a la vista, aunque seguía siendo un sólido pilar y amigo, que mantenía al grupo unido a pesar de las individualidades cada vez más contrapuestas de Lennon y McCartney. Diferencias que se hicieron patentes a lo largo del disco, pero en vez de imprimir una disonancia de inspiración, le daba riqueza de horizonte.

Los convencionalismos de las estructuras pop antiguas volaron por los aires, así como las historias de amor adolescente y obvio, ahora las maquinaciones y los procesos mentales y sensoriales pasaban a ser protagonistas, y si se hablaba de amor era desde otro punto de vista más profundo universal, también la existencia, la fe, y la política eran objeto de preguntas en las canciones. La libertad total de la mente se tradujo en libertad total de estructuras.

El disco se abre novedosamente, con una canción de Harrison, “Taxman”, gloriosamente pop, con un poderoso ritmo sincopado y un ataque directo al sistema tributario del Reino Unido, otra novedad. Era obvio que los Beatles estaban admirados de cuanta riqueza generaban para el Estado y sin quererlo, en cierta forma se sentían utilizados y comprendían muy bien el porqué de esa pomposa condecoración que se les otorgó tiempo atrás.

En cambio “Eleanor Rigby” es un jardín de melancolía al cuidado de Paul, un tema profundo y eterno, clásico, con secciones de cuerda realizando barrocos ejercicios, las voces de John y Paul plenas de armonías misteriosas y la letra abriendo las puertas a recuerdos irreales y reflexiones oníricas, que poco a poco irían ganando más espacio en los temas del grupo.

La cosa se reafirma con “I’m only sleeping” a carga de John, pero esta vez con un sentimiento de cansancio existencial dando forma a una canción básica, guitarra, bajo, batería, pero con una melodía poderosa e inspirada, que era la marca de Lennon, dando clima perfecto a las cavilaciones del texto. Esquema efectivo que se repetiría en “And your bird can sing”, otra de Lennon, donde la melodía se nos graba en la mente sin contemplaciones, sin necesidad de arreglos excesivos ni producción extra.

“Love you to” de Harrison, es un viaje a la India, con su sitar y tablas respaldando una voz espectral en obsesiva repetición. Era eco perfecto de la progresiva penetración de la música oriental, el budismo, en el mundo pop, vía Beatnicks y embrionarios Hippies de California, como alternativa a la religión occidental rígida y cucufata.

“Here, there and everywhere” es un tema prístino, por parte de Paul, con una melodía dulce y acariciante que se igualaba a los bohemios trabajos vocales de grupos californianos como Turtles y Mamas and The Papas, todo color y luz y frescura, que también en cierto modo son los ingredientes de “Yellow submarine”, canción cantada por Ringo y que luego se convirtió en lo que Paul y John querían que fuese, una canción para párvulos, ingenua, pero no tanto puesto que “Yellow submarine” es el nombre de una pastilla alucinógena que circulaba par entonces. La letra está muy trabajada al estilo de los cuentos de Lewis Carroll, el autor de Alicia en el País de las Maravillas, constante en la inspiración de Lennon, llena de imágenes descabelladas y llenas de ludismo infantil.

La cara A termina con la primera referencia clara al LSD, “She said She said” de Lennon, pop caleidoscópico, pleno de guitarras serpentinas y efluvios lisérgicos, compuesta, según dijo John después, en medio de un viaje de LSD, con Peter Fonda como compañero, que no paraba de repetir “Se lo que significa estar muerto” y cosas por el estilo, de ahí vienen las frases iniciales de la canción.

El lado B se abría con un saludo de esperanza “Good day sunshine” en el que Paul da otra vez muestra de su eclecticismo y audacia para unir géneros, muy en la onda de San Francisco y la Costa Oeste americana, esta vez uniendo su admirado Rythm and blues con otros más.

En cambio “For no one” es inconfundiblemente británica, con sus calmos y gentiles solos de viento clásico acompañando a un piano y a la voz de Paul. “Dr Robert”, de Lennon, y “I want to tell you” de Harrison, son de nuevo experimentos coa el Rythm and blues, el primero combinado con juegos vocales casi corales es un homenaje al doctor que en Nueva York facilitó a los Beatles sus primeras recetas mágicas.

“Got to get you in my life” es una visita al mejor Soul de la Tamla Motown, teñido de blanco por la composición de John y Paul, aunque sería Paul quien retomaría más continuamente esta vena “negra” en sus posteriores trabajos como solista.

El hechizo del disco no sería el misma si no hubiera sido cerrado por “Tomorrow never knows”, una advertencia, una profecía que nos mostraba lo desconocido. Nunca antes en el pop se había dado tina canción tan directamente relacionada con las drogas, ya no en la letra sino en toda la estructura, “Tomorrow never knows” y “Elcanor Rigby” eran los dos caminos diferentes por los que transcurriría el futuro de la música de los Beatles y de todo el pop en general. “Tomorrow never knows” era un saltó hacia los sentidos más ocultos, sin estructura aparente, con un ritmo casi marcial, y ráfagas de ruido y arreglos orquestales entrando y saliendo del remolino de la canción, Lennon con voz distorsionada nos invita al vacío, a los ángulos más profundos de la mente, a la muerte, al comienzo, y al amor en LSD.

Atrás quedaban los años de su uniformidad inocente, de chicos modernos pero domesticados, ahora se presentaban como seres individuales, personalidades diferentes traducidas a un amplísimo panorama creativo. Era obvio que “Revolver” presentaba una riqueza imposible de ejecutar con solvencia en directo, pasaron a ser alquimistas buscando convertir sus sentimientos en el oro puro de canciones bellas y originales de cabo a rabo, completas, premonitorias. Dejaron para siempre su papel de ídolos de la histeria, además peligroso, dada la exageración de su fama hasta puntos insoportables, no eran dueños ni de sus palabras, ahí quedan como muestra las amenazas de muerte por las declaraciones honestas de John, pero sobre todo la incapacidad de plasmar sus inquietudes artísticas a su gusto desde que el ritmo nómada de sus años de constantes giras les impedía darse el tiempo y la calma necesarios para planear algo como “Revolver”. Era lógico que la compañía de discos aceptase y se resignase a esa decisión dado el nivel de ventas que habían alcanzado. Ahora los Beatles se habían ganado la libertad para hacer lo que quisieran, y la iban a aprovechar.

“Revolver” fue turnado coma una biblia por la nueva juventud. Ahora más comprometida consigo misma, consciente de su nuevo mundo, esta vanguardia de la juventud estaba representada por las nacientes comunidades hippies de California. “Revolver” era la perfecta música para esos días, en los que se construía el clima apropiado para la última gran contracultura. Pronto el Swinging London y su vanguardia colorista se iban a trasladar poco a poco a San Francisca, de ahí tantas referencias expresas en “Revolver” hacia California, pero no debemos olvidar nunca que los Beatles jamás intentaron renunciar a su condición de grupo eminentemente británico, y es más, hacían gala de ello en sus canciones, en sus letras, en su enfoque de la realidad, aunque sus resultados fueron al final tan universales como los amaneceres, sus paseos recién iniciados por la vanguardia musical partían y terminaban en el pop, en el ser joven en este planeta y en una determinada época, por eso nunca necesitaron travestirse, siempre fueron ellos, cuatro chicos de clase media trabajadora de una ciudad trabajadora también. Cantaban sobre lo que les gustaba y les disgustaba del mundo, y esa honestidad, ayudada y mantenida en buena parte por Lennon, y su sarcástico humor y sus ambiciones artístico literarias, fue al final lo que llevó a los Beatles a estar siempre un paso más adelante de sus colegas a ambos lados del Atlántico; la irracional Beatlemanía se había convertido ahora en el respeto que se siente por los verdaderos artistas, aunque ellos siempre dijeran que eran “rockers y nada más” no era tan simple. Los Beatles habían llegado a un punto similar al que antes habían atisbado Bob Dylan y los Byrds, a articular cierto trasfondo intelectual detrás de un armazón eminentemente popular: el pop intelectual había nacido.

De todas maneras, tampoco hay que dejar de lado su constante vuelta a lo básico, a lo más primigenio dentro del rock, como si de vez en cuando se arrepintieran de todos los avances que iban consiguiendo, volviendo al rythm and blues de siempre, estableciendo dos claros extremos entre los que su estilo fluctuaba intermitentemente, esto era patente en algunas piezas de este “Revolver”, ya que era lógico su temor a pisar tierras desconocidas para el rock. Lo habían empezado a hacer, pero este temor se irá disipando con cada día con cada nuevo viaje de LSD, y al final tendremos las mentes lo suficientemente abiertas como para repetir una y otra vez los riesgos de “Tomorrow never knows” y “Eleanor Rigby”. No esperaremos mucho porque nuestros Beatles se estaban cebando en viajes lisérgicos, siendo Lennon y Harrison los que más a gusto se sentirían con su consumo, como el propio Harrison, después declararía: “si hay algo que realmente nos cambió fue el LSD, la primera vez que lo tomé fue increíble, me sentía indescriptiblemente bien, y podía ver a un dios en cada hoja de césped, era como adquirir cientos de años de experiencia en sólo doce horas. Me cambió y nos cambió, y no había posibilidad de ser los mismos de antes…”

El siguiente nivel de esta etapa fuertemente influenciado por la química fue la melancolía, el recuerdo, la vuelta a la infancia provocada por la afloración de la memoria durante los viajes de LSD, con un resultado parecido al del examen de la memoria que hacen los psiquiatras ayudados por la hipnosis. Pronto veremos a John. Paul, George y Ringo disfrutando de la felicidad de la infancia siendo ya adultos. Y este aspecto será la característica de su próximo trabajo, al mismo tiempo su cima artística: el “Sargento Pimienta” no tardará en aparecer, con colores de circo, felicidad de cuento infantil y un trabajo de producción que era infinitamente superior al de “Revolver”, lo que ya es decir mucho, muchísimo.

Durante los últimos meses de 1966, John Lennon conoció durante una exposición en la galería de arte de vanguardia londinense Indica, a Yoko Ono, prestigiosa artista conceptual japonesa, que encandiló a John con su inteligencia y misterio. Pronto las relaciones entre John y su esposa Cinthya, madre de su hijo Julian, empezaron a deteriorarse. La presencia de Yoko Ono era demasiado importante en la vida de John como para continuar con la rutina de su papel de padre de familia. Lennon se va a España para participar como co-protagonista en su primera película no musical, dirigida por Richard Lester, y titulada “How I won the war”. Era la historia de las tributaciones de un hombre joven durante la segunda guerra mundial, fue un buen intento, que demostró una vez más que los Beatles podían hacer algo más que cantar, ahora podían dedicarse más a su propia vida, puesto que al no tener que preparar actuaciones disponían del tiempo suficiente.

John se había cortada el pelo y llevaba unas gafas redondas, George se pasaba el tiempo entre el LSD, alimentando su interés por las religiones orientales y aprendiendo a tocar el sitar bajo las enseñanzas del prestigioso Ravi Shankar. Ringo se pasaba el tiempo en casa con su esposa Maureen y su hijo Zak y Paul mantenía la armonía en su antiguo noviazgo con Jane Asher.

Lo mejor que sacó John de su estancia en España fue la composición de la magistral “Strawberry fields”, que se grabaría en los primeros días de 1967. La canción era un ejemplo de los resultados del LSD en los procesos de la memoria, con imágenes alusivas a la infancia de Lennon, pero inundadas de reflexiones casi místicas provocadas por el ácido. La canción era un adelanto de lo que seria su próximo trabajo de larga duración, sobre el que los Beatles guardaban absoluto silencio para no restarle efectividad, lo único que se sabía era que esta canción sería publicada en un single junto a la no menos bella “Penny Lane”, y además se tenía la certeza de que el nuevo disco llevaría un título larguísimo y excéntrico.

“Strawberry fields”/”Penny Lane” era oro puro, ambas podían ser perfectas caras A, ambas doradas de esa visión melancólica. La primera exploraba el pasado personal de John arropada par unos arreglos originalísimos de orquesta sinfónica mezclados con guitarras eléctricas, extraños ecos y efectos para las voces y la batería, cintas invertidas, estructura iconoclasta y un trabajo melódico perfecto. Era un paso enorme en cuanto al papel de los estudios de grabación. Hasta entonces (no en los Beatles porque ya lo habían dejado en “Revolver”) se iba a los estudios se tocaba y se grababa, en cambio George Martin había transformado el estudio a la medida de la inspiración de los Beatles, no importaba trasladar a quien fuera, orquesta sinfónica a fuera lo que fuera, las canciones obtenían lo que necesitaban sin reparos.

El single fue publicado al fin en enero y pudimos apreciar la poesía de “Penny Lane” y sus descripciones coloridas de un lugar común en la infancia de los Beatles, una famosa parada de autobús, en donde se daban cita personajes pintorescos que marcaron para siempre la memoria del grupo. Aunque puede parecer a primera vista un llano ejercicio de prosa descriptiva, no lo es pues todo está teñido de una visión naif y tierna, con ese acompañamiento de trompeta que es lírica pura, suave, color sepia y serpentino. Quizás este single se convierte en el mejor de la historia del rock, dados sus alcances en cuanto a riqueza musical y emotividad poética. Lo que sí queda claro al empezar 1967, es que ya no había espacio en el rock para anticuados y pop-para-todos-los-públicos.

1967 redefinió el rock. Además de los adelantos de los Beatles, estaban por ahí Jimmy Hendrix y Jefferson Airplane, todos a su manera anunciando la llegada triunfal del Hippismo. El pop se había convertido en un extenso territorio para experimentar texturas y nuevos metrajes. El pop simple del que los Beatles más o menos provenían había quedado definitivamente muerto y enterrado e incluso los grupos de llamada “Invasión Británica” empezaban a desbandarse cediendo el espacio para las nuevas generaciones, porque eran incapaces de adaptarse a la nueva era que venía. Sólo los Zombies y los Yardbirds, después convertidos en Cream, dieron obras capaces de competir con la creatividad de esos días, aunque sólo los Rolling stones eran los verdaderos rivales de los Beatles en cuanto a popularidad y trascendencia cultural.

“Strawberry Fields” y “Penny Lane” fueron lanzados conjuntamente con dos “video clips” promocionales, y hacían perfecta justicia al clima del disco. En el primero apreciábamos un extraño circular alrededor de un instrumento musical a medio camino entre un piano, un sitar, y algo desconocido que pendía desde el cielo, imágenes de los cuatro Beatles en cámara lenta, y colores transformando la realidad. El segundo es un surrealista enfoque en blanco y negro de un Liverpool imaginario, con carrozas y caballos y diversos elementos que hacían eco del espíritu de la canción.

Mientras tanto los Beatles daban los toques finales a su nuevo álbum, que la critica esperaba ansiosa; después de la magnitud del single de adelanto, los adjetivos que cabía esperar eran inimaginables. Ya se les comparaba con Mozart y Beethoven, pues ahora podíamos esperar de todo. Los medios estaban tan impacientes que, ayudados por las noticias de que cada uno hacía su vida independientemente del otro, se atrevieron a insinuar que los Beatles serían incapaces de superar al single. Paul decía: “… ya veréis”.

El esperado álbum, que trabajaban desde diciembre del año anterior fue titulado por fin “Sergeant Pepper’s lonely hearts club band”, se terminó de grabar en marzo de 1967 y fue publicado el primero de junio, justo cuando el “verano del amor” empezaba a gestarse, marcando una de las cimas de la música pop que no se volvería a igualar después, ya no sólo respecto a los Beatles, sino todo el pop, a toda una generación que creía en sí misma, y que tuvo su momento álgido justo un año después en el mayo de París de 1968. En esos días se llegó a pensar seriamente que el pop proponía unos valores revolucionarios y que la juventud tenía en sus manos el cambio. Por supuesto las causas tuvieron un final aplastante, con el sistema utilizando todo tipo de estratagemas violentas para acabar con este atentado general al orden establecido. “El verano del amor” fue la cima de la creatividad intelectual y artística que creó sueños a la postre imposibles de lograr, pero consolidó a los jóvenes como una propuesta a tomar muy en cuenta.

El “Sgt. Pepper” fue, sin lugar a dudas, el himno de esta revuelta generacional, encarnaba perfectamente las ambiciones de todo joven comprometido, era una celebración de los viajes lisérgicos, de la paz, del amor, del color, del derecho a buscar y vivir en un paraíso propio.

El LP era, formalmente, un paso de gigante, y también en las letras. Este disco fue el primer larga duración concebido coma unidad temática y espiritual, sentaba las bases del actual modelo de creación y consumo de la música pop.

Antes nos hablamos referido ya al estado regresivo a que nos puede conducir el uso continuado de LSD, pues el “Sgt. Pepper” está hecho a partir de ese trasfondo basado en la memoria. Al igual que el single “Strawberry fields”/”Penny Lane” este disco es un paseo a través del recuerdo, pero alternado con una conciencia del presente, o sea del momento cultural que se respiraba, proponiendo alternativas basadas en el simple, aunque imposible, hecho de volver a ser niños. Así, el disco nos muestra a los Beatles convertidos en una banda de fanfarrias antigua, sacada de otra época, de épocas en las que el circo era el paraíso de los niños. Los Beatles se disfrazan de personajes de cuento, de colores, de ruido alegre y despreocupado. La portada es una perfecta muestra de lo que decimos, es un estallido de colores brillantes y personajes favoritos del grupo, como haciendo a todos estos rostros participes del disco, y en cierta forma tenían razón, porque ¿qué es la inspiración? es una manera de recuerdo, de invocación y más aún si estás en un viaje de LSD. Pues los personajes son gente que ha sido de alguna u otra forma importantes en la vida de cada uno de nuestros Beatles. Reconocemos a los Beatles de la época de la Beatlemanía, reconociendo que ahora son otros, y también a Karl Marx, Edgar Allan Poe, Johnny Weismuller “Tarzán”, Tyrone Power, Oscar Wilde, Lawrence de Arabia, Marlon Brando, Marlene Dietich, Mae West, Marylin Monroe, Mary Pickford, Richard Strauss, Bob Dylan, Lewis Carrol, Stuart Sutcliffe, Fred Astaire, Tony Curtis, Laurel y Hardy, y hasta a una pequeña diosa budista en primera línea; también un muñeco saludando a los Rolling Stones, en un gesto de desprecio a la supuesta competencia que los medios pretendían hacer creer al público.

Se ha tratado de interpretar de muchas maneras el hilo argumental del disco, es mejor que cada uno saque sus propias conclusiones, puesto que los Beatles sabían que todos los críticos buscarían las más descabelladas interpretaciones a las letras, y ellos malévolamente se divertían con todo esto, dando pistas falsas, e imágenes ambiguas en lugares estratégicos.

Básicamente el disco es una invocación a hacer volar la imaginación sin límite alguno, por eso es tonto buscar interpretaciones que valgan para todos, cada oyente debe buscar lo que más le guste entender, y ese era un excelente avance, pues la gente podrá participar del disco con sus propias vivencias y no quedar reducida simplemente a una escucha pasiva.

Musicalmente el disco era una exploración, un viaje a través de toda la historia de la música, extrayendo elementos a la más libre elección, mezclándolos y consiguiendo unos resultados riquísimos, que los historiadores de música más cultos y clásicos no tardaron en halagar; el pop se había vuelto adulto combinando ruido de guitarras rockeras con orquestas clásicas, con bandas populares de circo, con efectos electrónicos. Con el eclecticismo propio de las comunidades bohemias y hippies de San Francisco.

Un ruido ambiental de feria da paso a la primera canción del LP, titulada de la misma forma: “Sgt. Pepper’s lonely hearts club band”, con su combinación de distorsión eléctrica y tubas y vientos de banda dominical de pueblo… el color de un domingo imaginario e idílico mostrado en una animada estructura audaz que nos “asegura un espléndido rato” para todos.

La acertada voz de Ringo entona la memorable melodía de la siguiente canción del LP,”A little help from my friends”, en un indescriptible aire de esperanza y profunda felicidad; aunque musicalmente es discreta en arreglos, es un respiro entre los efectos estridentes de la primera y la tercera canción el LP: “Lucy in the sky with diamonds” sobre la que constantemente se ha insistido en sus iniciales como una celebración del LSD; puede ser, aunque Paul lo desmentía diciendo: “Nosotros no habíamos pensado en eso. Lo que pasó fue que el hijo de John, Julian, hizo en la escuela un dibujo, y cuando lo trajo a casa, John dijo: ¿qué es eso?, y él contestó “es Lucy en el cielo con diamantes”. Al parecer simple, pero la letra de la canción en cuestión es una composición hecha en el más puro estilo surrealista del collage, la superposición de imágenes disímiles nos obliga a hacer volar la imaginación y tiene muchísimas conexiones directas con “Alicia en El País de Las Maravillas” de Lewis Carroll, por la lógica, más bien, ilógica empleada para la construcción de las imágenes, todo arropado con un bello arreglo de clavicordios, sonidos imaginarios y ecos para las voces, creando un mundo de sensaciones cristalinas y vividas como los caleidoscopios. Luz en la melodía entonada por Lennon y ruptura en ese alegre estribillo.

 La magia continúa en “Getting better” con esa transformación de estructuras clásicas del rock and rool en algo nuevo, esto los Beatles lo dominaban a la perfección desde “Revolver”, además de efectos sonoros extra que contribuían a crear una atmósfera única.

“Fixing a hole”, la siguiente canción, tiene un ritmo extraño, casi de una época, ¿los años 20? ¿los 30?, y un ligero aire circense, además de una serie de mezclas novedosas entre la guitarra eléctrica y los teclados, y la famosa y reconocida capacidad de McCartney para experimentar con armonías vocales inéditas, que están presentes también en “She’s leaving home”, pero con belleza aumentada en las voces de Lennon y McCartney y en ese logradísimo fondo de cuerdas clásicas y arpas, pintándonos el paisaje entre triste y decisivo de una chica que abandona su casa para irse, a una comuna seguramente, y encontrar su felicidad.

La cara A del disco se cierra con “Being for the benefit of Mr. Kite!” y es la condensación del clima enrarecido y circense que se entreveía en los anteriores temas, pero esta canción tiene su propio color, más extraño aún, el ritmo hipnótico, esos personajes raros, acróbatas, enanos, animales y sonidos que hacen piruetas, pianolas, saltos, sombras. El viaje del LSD traducido a canción y a carpa teatral, con la voz nasal y fría de Lennon.

Este disco es casi festivo, aunque la cara B se abre con la segunda incursión de Harrison en el uso de elementos de la música hindú, esta vez la atmósfera es más serena y profunda que en “Love you too” del anterior LP. El sitar va acompañado de violines que realizan paseos por extrañas escalas orientales, describiendo paisajes inmemoriales y lejanos, la presencia de dios, en este fantástico tema titulado “Within you Without you” entonado por la voz relajada y como emergente de un medio sueño soñado por Harrison.

Todo este viaje al borde del blanco mental completo se desvanece cuando “When I’m sixty four” de Paul McCartney empieza con sus saltitos y observaciones excesivamente naifs sobre un amor para siempre… una música casi de cabaret le pone el adecuado marco, el color continuaba aunque McCartney a veces lo ponía demasiado rosa. En cambio “Lovely Rita” es pop puro y renovado, con arreglos pianísticos y la voz correctísima de Paul en un estribillo plagado de jadeos y voces intuidas.

“Good moorning, Good moorning”, y un gallo canta anunciando el amanecer, tiene una cadencia rara, como demasiado acelerada y nos nubla la apreciación de lo que acontece y es básicamente el mismo sonido ferial del “Sgt. Pepper” del principio del disco, porque su reprise que viene a continuación está desprovisto de arreglos de viento y sólo conserva a las multitudes que aplauden agradecidas por la diversión brindada por este disco.

El LP se cierra con una obra maestra, “A day in the life”, basada también en un collage, noticias tomadas en un periódico y sus respectivas reflexiones en la voz de Lennon, permitiéndole hacer una visión critica muy especial de lo que se describe en la canción. Todo en un medio difuso y borroso, aunque bello y casi acústico, que va a ser sumergido poca a poca en un ascendente ruido sinfónico que se eleva y se eleva hasta lo más alto que permiten los instrumentos, como el sonido de un despegue o aterrizaje de un vuelo, pared de ruido que súbitamente se corta por un reloj despertador. Los sentidos se aclaran en la voz de Paul hasta que de repente y después de “una fumada” nos sumergimos en un sueño más profundo aún que el anterior, la voz de Lennon se debate flotante entre la marea de una orquesta Wagneriana, grandiosa gigantesca. Otra vez estamos en medio de un sueño y otra vez el ruido del despegue o aterrizaje. Fin de la canción. Al final del disco ruidos de voces extrañas, aparentemente invertidas, nos hacen intuir un mensaje oculto.

Todo esta riqueza de elementos y descubrimientos hicieron que la crítica y el mercado del pop en general se estremecieran desde sus cimientos. Habían llegado a una cima insuperable por ningún otro grupo. Los adelantos de “Pet Sounds” de los Beach Boys en 1966 eran hasta ahora lo más vanguardista dentro del pop, y pronto cayeron en el olvido. Las 700 o más horas invertidas, las orquestas enteras y la imaginación empleada hacían de “Sergeant Pepper’s lonely hearts club band” una frontera que pocos han podido rebasar.

Las reacciones fueron diversas, por un lado se les alababa como profetas del futuro, por otro se les criticaba duramente por sus referencias expresas a las drogas, e incluso la BBC vetó “A day in the life”.

Inmediatamente tras la publicación del LP, octavo en la carrera de los Beatles, se les invitó a un programa especial planeado por muchas naciones en defensa de la paz; ellos representaban a Inglaterra, a su modo, claro. Compusieron especialmente para la ocasión una canción que confirmó la nueva era abierta por su LP. “All you need is love” fue definitivamente la canción que representaría al “verano del amor”, el verano de 1967, pletórico de flores y cabellos largos, y grandes ideales. La canción se basa en un estribillo ultra repetitivo pero muy efectivo, con una voz de Lennon que extendía por todo el mundo un único mensaje, amor, amor y amor. El sueño de los hippies. La canción fue publicada después en un single junto a “Baby, you’re a rich man”, una canción también decididamente crítica por parte de Lennon.

Este sencillo no tuvo ningún problema para colocarse en lo más alto de las listas de ventas casi instantáneamente, y se lanzó al mercado exactamente el 22 de julio de 1967. En él podemos apreciar el claro enfoque mesiánico de “All you need is love” con sus arreglos orquestales cercanos al himno, mientras que en la segunda cara una serie de sonidos étnicos hacían perfecto complemento de la época y del single mismo.

En agosto, los Beatles viajaron a Gales a un seminario que daba el Maharishi Maesh Yogi, para oírle hablar del consciente sublime, del orden del universo, y de la paz interior. Este viaje lo realizaron después de haberlo escuchada en Londres y por supuesto Harrison estaba encantado y convenció a los demás para seguirle y aprender más.

Ese mismo fin de semana Brian Epstein viaja a su casa de Sussex para descansar y relajarse en el campo, pero el trajín agitado de vida al que estaba acostumbrado pudo más y rápidamente regresó a Londres. Por esta época Brian Epstein se debatía entre su adicción a los somníferos y a las anfetaminas, organizando su vida en largas períodos de hiperactividad y otros de largo sueño. Parece que un error en el consumo de somníferos causó su muerte, el 27 de agosto de 1967. Los Beatles fueron informados por teléfono, y pronto empezaría el caos. Se decidió que Paul McCartney, relaciones públicas nato, tomaría las riendas del grupo, haciéndose cargo de los negocios y los asuntos internos.

 En septiembre de 1967, los Beatles llamaron a una serie de artistas a un autobús alquilado por ellos, para la filmación de la primera película dirigida enteramente por John, Paul, George y Ringo. El resultado se llamaba “Magical mistery tour” y era una serie de secuencias inconexas, que carecían de la mínima organización satisfactoria. Aunque su banda sonora, que se publicaría después de unos meses, era excelente.

En noviembre se publica su siguiente single, “Hello goodbye”/”I’m the walrus”, la última una canción del soundtrack de “Magical mistery tour del que nos ocuparemos enseguida. Mientras tanto “Hello goodbye” estaba bastante lograda, y con la innegable capacidad de Paul para construir melodías eclécticas y bonitas fue también un excelente éxito en las listas americanas e inglesas, ayudada por una filmación para la televisión que nos muestra a los Beatles en sus uniformes del “Sgt. Pepper” actuando en un escenario teatral y colorido.

En diciembre se lanza el soundtrack de “Magical mistery tour” para apoyar a la película, que no estaba teniendo mucha suerte. Fue en formato de EP y contenía 6 canciones. El disco se abre con “Magical mistery tour” y es una composición un poco irónica, al estilo del “Good moorning Good moorning” del “Sgt. Pepper’s” aunque su glorioso estribillo inicial la convierte en un hit instantáneo, y tiene un aire publicitario: nos invitaban a subir a ese bus de magia y misterio con el entusiasmo de una marcha circense. “Your mother should know” es una apacible balada, pero no llega a la grandeza de “The fool in the hill”, también cantada por Paul, en un delicioso dúo de voz y flauta y en un ambiente calmo y triste, hablando sobre la soledad de un hombre. En cambio “Blue jay way” de Harrison es densa y nebulosa, profundamente psicodélica y llena de frases herméticas, en un clima ciertamente místico.

Pero es “I’m the walrus” la canción que desencadenará la avidez de los críticos, empeñados en buscar significaciones ocultas en la música de los Beatles. Es una canción bastante agresiva de Lennon, que aprovecha la ocasión para excederse con una interminable serie de referencias culturales y literarias, ayudada por secciones de cuerda realizando ejercicios orientales y extraños. La morsa es un personaje bastante conocido de Lewis Carroll en sus libros sobre Alicia y Lennon la cita como metáfora de la hipocresía y voracidad de los políticos capitalistas, también el hombre-huevo es un personaje de Carroll. Lennon por supuesto adoraba “Alicia en El País de Las Maravillas” y aquí estaba otra muestra de ello. Pero la cosa no acaba ahí, porque también hay fragmentos del Rey Lear de Shakespeare y alusiones a Lucy de “Lucy in the sky with diamonds” y a Edgar Allan Poe, completando el rompecabezas que tuvo a los críticos de cabeza por un buen tiempo.

Un instrumental tranquilo titulado “Flying” completa el EP que se sumaba a la lista de logros artísticos, en toda la extensión de la palabra, a que los Beatles habían llegado vía la libertad mental provocada por el LSD.

Antes de finalizar el año los Beatles se embarcan en una nueva aventura, crean su propia compañía: APPLE CORPS, que empezó como una boutique en Baker Street, concebida por Paul como “Un bello lugar en donde se pueden comprar bellas cosas”; encima de la tienda estaban las oficinas de Apple, que en un futuro cercano sería una especie de sello independiente dependiente de la EMI pero dirigida enteramente por los Beatles y gente joven, nada de ejecutivos trajeados, que eran detestados por los Beatles.

Así llegamos a 1968, el año en el que los Beatles alternarían su vida de hombres de negocios con la de música, y también el año que marcaría el principio de su separación. Al morir Brian Epstein, no hacían sino embarcarse en diversas aventuras sin suerte, esto fue creando una progresiva tensión entre los integrantes del grupo, que al final terminó en un clima realmente negativo, con John y Paul discutiendo continuamente, y ahora sin la mediación del buen amigo Brian Epstein; esto se verá en la música y en todos sus siguientes trabajos.

Una vez John dijo: “los Beatles acabaron al morir Brian”… y parece que fue la verdad.

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Separación

1968 – 1970

Después de las cotas alcanzadas por sus últimos trabajos psicodélicos y de gran elaboración, los Beatles parecieron querer un descanso de tanto esfuerza intelectual, y lo consiguieron volviendo a formas estilísticas primarias y sin complicaciones, mirando de nuevo sus raíces de rockers sin más, esto tomó cuerpo en el nuevo single del grupo que sería lanzado en mayo de 1968: “Lady Madonna”/”The inner light”.

El single era por supuesto, muestra de que los Beatles nunca renunciaban a sus ídolos de adolescencia, y podemos vislumbrar a lo largo del single una cadencia típicamente 50’s, conque la letra sea más bien una consecuencia del trabajo elaborado de los discos inmediatamente anteriores.

Mientras tanto los Beatles se encontraban en la India, habían llegado con una tropa de gente famosa y artistas relacionados con el mundo pop, para buscar la paz y quizás la unión después de tantos disgustas ocasionados por sus constantes pasos en falso como hombres de negocios. Los recibía el Maharishi Maesh Yogi, prometiéndoles la paz espiritual que necesitaban. Además de los Beatles habrían venido sus esposas, y gente de los Beach Boys, Donovan, Mia Farrow, Marianne Faithfull y otros más. La relajante atmósfera de meditación no fue lo suficientemente encantadora para Ringo que se marchó a los 10 días de haber llegado, junto con su esposa Maureen, para volver con sus hijos Zak y Jason. Los siguientes en marcharse fueron Paul McCartney y su reciente esposa Jane Asher. George y John permanecieron más tiempo, pero finalmente se aburrieron de tanto rezo y ayuno. Aunque aprovecharon el tiempo para componer nuevas canciones para su nuevo LP. Al regresar a Londres decidieron que también estaban aburridos de ser tenderos y cerraron la boutique Apple con más pérdidas que ganancias.

En esta ola de decepciones hay que resaltar el mal momento sentimental que estaba pasando el matrimonio de John y que pronto acabaría en divorcio. Cosa que también pasaba a Paul, que después de un noviazgo de más de cinco años con Jane Asher, y apenas seis meses de matrimonio terminaría también en una separación definitiva.

Lo más positivo entre todo este mal rato fue el lanzamiento del primer single de Apple, “Hey Jude”/”Revolution” que dotado de un infinito sentimiento de esperanza, sobre todo en “Hey Jude”, parecía ser una respuesta de ánimo ante tantos acontecimientos negativos. Esta canción superó ampliamente la popularidad de los primeros singles del cuarteto como “She loves you”, etc., y encandilaba al oyente con su lenguaje intimista y cercano al góspel, cantos espirituales negros americanos. Su duración de más de siete minutos se debía en gran parte a ese final larguísimo y mágico, en el que la comunión de una multitud de gente es una invocación a la fraternidad y a la paz. Una canción perfecta para la época perfecta, en el que el subidón de los viajes psicodélicos daba paso a una bajada monocroma y realista. Era lo que en el fondo les sucedía a los Beatles, sin embarga hay que anotar que esa solución, tan simple y sencillo, como el cogerse de las manos y cantar juntos como una sola voz era demasiada ingenua e idílica, pero funcionó bien durante un tiempo, dándoles la fuerza necesaria, a los Beatles, para meterse de nuevo en el estudio y tratar de sacar algo nuevo y bueno.

Hay que anotar que mayo de 1968 fue también un punto álgido directamente relacionado con la cultura pop. La forma en que el movimiento estudiantil y generacional fue aplastada en París, en Praga y en diversas ciudades del mundo denotaba la brutalidad y la dificultad que nos ofrece el sistema cuando se le pone en duda. No es raro que en septiembre de ese año, fecha de lanzamiento de “Hey Jude”, el mundo joven especialmente, agradeciera con un enorme éxito este canto de aliento. A partir de ahí las cosas iban a cambiar, porque la heroína hace su aparición entre los jóvenes, y mucho se ha hablado de que esta droga fue introducida por un acuerdo entre las mafias y los gobiernos en un intento de aniquilar, criminalmente, toda una era de amor y esperanza, tomando las comunas hippies en verdaderos campus de zombies y yonquies. El sueño poco a poco iba perdiendo color.

Esto se hizo patente en el nuevo LP de los Beatles, el primero en Apple, y estuvo ya levemente anunciado por “Revolution” la cara B de “Hey Jude”. La portada era totalmente blanca y era en formato doble, o sea que traía muchísimas canciones. Se titulaba “The Beatles” y salió publicado en noviembre de 1968.

Este disco es una muestra de la progresiva descomposición que el grupo sufría en su interior, muchas de las canciones fueron grabadas con sólo dos integrantes del grupo. Ringo y el compositor, y nos mostraba los caracteres de cada uno de manera extrema y opuesta a los del otro. Por un lado las desenfadadas baladas de Paul y por otro el anarquismo de John. Entre los dos, Harrison demostrándonos su talento en soberbias composiciones. Lo que distingue al disco es, sin embargo, el uso y abuso de un sentido de un humor negro y malévolo.

En el LP se dan cita por un lado claros avances de lo que sería la nueva década que estaba a la vuelta de la esquina, como al menos en dos de las cuatro canciones de George Harrison: “While my guitar gently weeps” es una melodía arrebatadora plena de sentimientos de tristeza irreparable, acompañada de llorones solos de guitarra tocados por Eric Clapton, invitado por Harrison como músico de sesión, y “Long Long Long” es un bellísimo tema en donde la voz se entrecruza con calmos sonidos de teclados que imitan flautas, en una atmósfera nueva y mágica desde sus coordenadas de paz absoluta. Ambas canciones nos demostraban que Harrison había llegado a un altísimo nivel componiendo temas que se encontraban entre lo mejor del LP, sin tener nada que envidiar a Lennon o a McCartney. Sus otras dos contribuciones eran “Piggies” y “Savoy Truffle”, enseñándonos a un compositor lleno de ironía cuando en la primera entremezcla voces de cerdos con un arreglo sinfónico glorioso y barroco, mientras que en la segunda experimenta un poco con el sonido “James Brown”.

Paul McCartney se debate a lo largo del disco entre sus homenajes a su adorado Rhythm and blues negro y a su recién descubierto Folk Rock, desde nuestro punto de vista lo mejor. Así “Blackbird”, quizás la más afortunada de sus aportaciones al disco, “Rocky Racoon” y “Mother Nature’s son” nos dibujan unas líneas de pacífico Folk Rock. Imposible no sentirse acariciado por esos arpegios limpias y bien logrados apoyando la correcta voz de Paul. Mientras tanto, por el lado “negro” de sus influencias tenemos “Why don’t we do it in the road” que de alguna manera encarna gran parte del sentimiento final del LP: Rock hippie de festival, de carretera, de autoestopistas, de la juventud de la América rural y profunda. “Helter Skelter” es otra cosa, violentísima canción, totalmente fuera de sí, un subidón ¿de heroína?, guitarras en ruidoso e implacable feedback, sobre una rudimentaria estructura rhythm and blues con paranoias de Paul que canta a punto de destrozar su garganta, enloquecido. Sin embargo Paul empieza a acusar cierras anomalías, que tomaremos como resultado de un sentido del humor gratuito, “Ob-La-Di Ob-La-Da” es demasiado complaciente y festiva, casi no es pop, sino charanga pura, una canción que tiene el encanto propio de las fiestas folklóricas, “Birthday” es una base de rhythm and blues sin nada importante que decir, puro ejercicio formal, aunque poderoso, y la canción que cierra el disco “Good night” tiene una orquestación que sabe a soundtrack de época de oro de Hollywood, todo violines y coros melifluos; también suena a otra época “Honey Pie” que viene como de una emisión radial de los 40 ó 30. Sin embargo todo este despliegue de recursos cercanos al kitsh, tiene un atenuante en “Martha my dear” que está hecha al mejor estilo del “Sgt. Pepper”, con elegantes arreglos para cuerdas y piano que acompañan a una melodía muy digna, conque eso de que “Martha” sea la perra de Paul nos plantea una cierta duda, ¿es una broma o no?.

John Lennon por su parte, también duda entre varios caminos. “Dear Prudence” y “Happiness is a warm gun” son exploraciones en un lado inexplorado e incoloro de la psicodelia, canciones flotantes y extrañas, donde pocos elementos entretejen estructuras descolocantes y semicongeladas por su aparente inmovilidad. La primera un canto de alegría primaria y mística, sin complicaciones, y la segunda es una explícita referencia a las drogas más duras. Ambas constituyen parte de lo mejor del disco por su carácter novedoso, cosa que no sucede con “Yer Blues” que es blues de lo más ortodoxo. “So Tired” y “Revolution”, ya conocida como cara B de “Hey Jude”, se dedican a explotar recursos extraídos de lo más básico de sus influencias de los años 50. Algo totalmente distinto para en “Glass Onion”, que es una referencia a muchos de los personajes que poblaban las canciones de la anterior etapa del grupo. Están “I’m the walrus”, “The Fool on the hill”, “Lucy in the sky with diamonds”, y “Fixing a hole” en una extraña asociación de imágenes e ideas de las que la más importante fue la afirmación: “la morsa era Paul”, que pronto revolucionó los esquemas de los críticos que buscan significados ocultos en las letras de los Beatles, y tuvo como resultado que uno de esos críticos llegara, por medio de procedimientos extraños y absurdos (ej. : walrus en griego significaría muerto), a la conclusión de que Paul había muerto y había sido reemplazado por un doble, lo que hizo pasar a los Beatles más de un momento entre cómico y triste, con la prensa preguntándole a Paul si en verdad había muerto.

“Cry Baby cry” era también un experimento hecho a base de canciones infantiles e imágenes de cuentos de hadas, al estilo del “Sgt. Pepper”, donde la lógica infantil supera el aburrido orden adulto. Pero es en “Julia”, homenaje de Lennon a su madre muerta cuando él era aún un adolescente, donde el alma de su autor se desnuda, en una canción suave y repleta de ternura en esas imágenes poéticas cantadas por John con semblante soñador y melancólico marcando otro de los hitos del disco.

La más radical aportación de John al LP fue “Revolution 9”, un experimento avant-garde, resultado de su fructífera relación con Yoko Ono después de su ruptura con Cinthya, y nos muestra claramente la influencia del arte conceptual de Yoko, en una sucesión de sonidos y ruidos disímiles, orquestas y aperas, sonidos de la calle, gente, coches, onomatopeyas, sonidos electrónicos y la voz de Ringo repitiendo insistentemente “number 9” en medio de un mar de sensaciones propias del total caos.

No debemos olvidar la única aportación de Ringo, como compositor, en este LP, con un ejercicio de country rock titulado “Don’t pass me by” con pianos y solos de violín al más puro estilo western.

A pesar de su heterogeneidad, este LP marcó muchísimas pautas, tanto como primer ejercicio solista de cada una de los Beatles, signo de una obvia descomposición como conjunto, y también como una ventana abierta que miraba los 70 con una serie de elementos y descubrimientos que serian regla en la futura década; podemos escuchar gérmenes claros de lo que después serán estilos distanciados en un futuro no muy lejano pero que aquí se presentaban reunidos. Folk Rock, Glam Rock, Road Ruck, Hard Rock, e incluso Rock Progresivo.

Apple y sus lanzamientos discográficos serían, al final, la principal tarea a la que se dedicarían los Beatles ese año. Concebida desde un principio para satisfacer las inquietudes de cada uno como solista, el primero en gozar de discos propios fue George Harrison, con los que de alguna manera logró satisfacer sus inquietudes, que John y Paul no le permitían expresar del todo en los discos de los Beatles, reduciendo su aportación a la rígida cantidad de dos temas por LP. Pues bien, George se desquita publicando dos discos experimentales, el primero “Wonderwall” era un intento de fusionar música hindú con psicodelia y fue publicado en ese mismo año, 1968, logrando muy buenas criticas, el otro se tituló “Electronic Sound” y fue publicado más tarde en 1969, se basaba más bien en el uso experimental de los nuevos aparatos electrónicos llamados sintetizadores, pero logró menos favor del público y la critica que su anterior trabajo.

El éxito de la cantante Mary Hopkins, descubrimiento de Paul, hizo que Apple se estrenara con los suficientes beneficios como para trasladarse a una lujosa casa en Saville Road de Londres. Mientras tanto John y Yoko Ono se dedican a grabar un LP, también experimental, titulado “Two virgins”, con una portada en la que aparecen ambos totalmente desnudas cubierta por la censura con una anónima bolsa de papel de envolver; el LP estaba muy en la línea de “Revolution 9” del álbum blanco, o sea que era pura cacofonía conceptual. También debemos apuntar que Lennon es arrestado por primera vez por posesión de drogas. Todo este clima desordenado a veces creativo, a veces simplemente negativo, iba distanciando cada vez más a los Beatles, que se sentían agobiados por tener que ser hombres de negocios, directores de Apple, sin excesivos buenos resultadas puesto que Apple se convirtió pronto en el paraíso de los administrativos especializados en robar dinero de su empresa.

Los intentas de poner disciplina en Apple fueron al final sucesos negativos que separaron por completo al ya maltrecho grupo. Paul había buscado ayuda en una firma de abogados de Nueva York llamada Eastman and Eastman, futuros parientes de Paul, puesto que este había iniciado un romance con Linda Eastman, una fotógrafa divorciada y con un hija, que ya vivía en casa de McCartney. Bueno, Eastman and Eastman debían poner fin a tanto desorden financiero en Apple. Pero John anunció que él había encontrado una alternativa mejor cualificada, se llamaba Allen Klein, un manager musical que supuestamente ocuparía el lugar del fallecido Brian Epstein. Al final una votación de tres contra uno estableció a Allen Klein como manager, mientras que Paul se aferraba a su elección, los Eastman. Todo esto originó una absurda lucha de poder que originó desagradables acontecimientos entre los cuatro Beatles.

Sin embargo un cometa o una estrella portadora de luz y color se posó momentáneamente sobre estos meses grises y, de repente, vimos a los Beatles hechos personajes de una película de dibujos animados, viajando juntos, como en sus mejores días, a través de la imaginación en un estallido de creatividad que dejaba muy atrás las anteriores películas con los Beatles, filmadas por Richard Lester. Esta nueva película se titulaba “Yellow submarine” y era formalmente un compendio de la historia dando cita a diversos estilos, desde el art deco, al surrealismo y a las maneras de Walt Disney. “Yellow submarine” estaba dirigida por Erich Segal, y básicamente constaba de traslaciones a dibujos animados de algunas canciones de los Beatles dentro de una historia clásica de los cuentos infantiles, puesto que se insufló ciertas referencias culturales para hacerla más interesante a un público no infantil. Así los cuatro Beatles se ven sumergidas en un mundo de fantasía, en el que son los héroes liberadores de un mundo de fantasía por los terribles “Blue Minnies”, poderosos y agresivos uniformados que protegían al mundo del “perverso” poder de la música. El furor desatado por la iconografía de esta película sirvió para una nueva era comercial basada en souvenirs de ese mundo maravilloso. El “Sgt. Peppers” y su “Banda de Corazones Solitarios” fueron revitalizados también, como parte integrante del guión y el mercado se vio invadido de nuevo con pósteres, recortables, y figurillas relativas a “Yellow sumarine”.

La música contenida en esta película era más bien anterior a la del álbum blanco, y pertenecía claramente al espíritu ilusionado de “Rubber soul”, “Revolver”, “Sgt. Pepper”, y “Magical mistery tour”. Fue publicada en forma de LP y tenía canciones ya conocidas como “Nowhere man”, “Eleanor Rigby”, “Sgt. Pepper’s lonely hearts club band”, “All you need is love” y “Yellow submarine”, pero sólo estas dos últimas llegaron a ser plastificadas, junto con nuevos temas como “All together now” de Paul, “Hey bulldog” de John y dos preciosas canciones de Harrison “Only a northern song” y “It’s all too much” en la cara A y en la cara B. Los arreglos orquestales que George Martin había compuesto en base a canciones de los Beatles eran el fondo musical de algunos pasajes de la película. Se estrenó a mediados de 1968, pero su soundtrak salió a la venta en enero de 1969.

“All together now” insistía en esa estructura de canción para párvulos, “Hey bulldog” es bastante agresiva, pero sin llegar al caos, alga así como Hard Rock. “Only a nothern song” tiene un trasfondo misterioso, tejido por movimientos de órgano y sonidos electrónicos, buen resultado de sus exploraciones con los sintetizadores, y una melodía buenísima. “It’s all too much” tiene un ritmo monótono y una base minimalista, dos acordes a lo sumo, respaldados por una orquestación con la flauta como hilo conductor, construyendo un paisaje nuevo y abierto, la voz de Harrison es suavísima y sensual, y nos habla de las excelencias de estar vivo, realmente nos eleva, esos ruidos entrando y saliendo de la mezcla como brisa y viento de frescura y esos metales gloriosos del final… un canto de triunfo. Y eso es en verdad, porque en la película aparece como celebración del triunfo de la vida y la música, los Beatles, sobre el marcial y oscuro orden impuesto por los “Blue Minnies” y el guante.

Esta película encamaba perfectamente en sus colores, en su argumento, la rebeldía de los “niños de las flores”, ingenua pero humana y llena de amor, además era vía perfecta para finalizar el tributo, especialmente de John, hacia los cuentos infantiles, personalizados en “Alicia en El País de las Maravillas” de Lewis Carroll, y la fructífera relación de los Beatles con el LSD y su explosión imaginativa. Porque siendo fieles a la verdad, ellos estaban en otro camino, a la vista del álbum blanco.

Al mismo tiempo, en enero de 1969, el grupo se mete en el estudio para grabar su último LP, “Let it be”. Lo hicieron con todo un despliegue de cámaras de cine, con la idea de filmar una película documental de la sesión, pero el resultado nos mostró a un grupo en constantes diferencias difíciles de superar, reflejando la verdadera mala atmósfera que se respiraba allí donde estuvieran juntos John y Paul. Esas seis semanas fueron una pesadilla, aunque su resultado musicalmente no fuera tan malo. Decidieron dejarlo tal como estaba y nunca más volvieron a estar juntos en un estudio. Coma el disco estaba incompleto se pospuso su publicación hasta mayo de 1970.

Durante lo que quedaba de 1969, George Harrison lanza su segundo LP experimental “Electronic Sound” y John también su segundo LP “Life with the lions” en el sello, subsidiario de Apple, Zapple.

En Octubre de 1969, se lanza al mercado un LP con nuevas canciones de los Beatles, titulado “Abbey road”, y era más bien una reunión de canciones inconclusas que habían grabado anteriormente con George Martin coma productor, eran todos retazos de LP´s anteriores que por una u otra razón no se llegaron a concluir, y con este disco los Beatles querían dar por finalizado el asunto.

A pesar de que está patente el carácter fragmentario de muchas de las composiciones contenidas en este “Abbey Road”, hay que tener en cuenta la calidad de sus autores, capaces de lograr en sólo un simple estribillo una obra maestra, y eso es palpable a lo largo del LP.

“Because” por ejemplo, es una finísima canción, conformada por unas armonías vocales perfectas y un trasfondo casi siniestro en la instrumentación. John lo explicaba diciendo: “Yoko tocaba algunos acordes de Beethoven y le dije: ‘tócalos al revés’ es la sonata al claro de luna tocada al revés”. La canción está llena de imágenes ambiguas respecto al amor y al mundo. “Come together” es una poderosa y adelantadísima canción, con un ritmo imparable pero no acelerado, y muy cercana al rhythm and blues, aunque de una manera original captura lo más cavernoso del género.

“Something” es una perfecta balada de Harrison, con unos controlados arreglos de cuerda apoyando una voz repleta de amor sin caer en lo cursi. Harrison también compuso la canción que quizás sea la cumbre del disco, “Here comes the sun”, es luz de fe y optimismo, guitarras acústicas en arreglos perfectos, y una sensación indescriptible de esperanza la confirman como lo mejor de este “Abbey Road”.

“Sun King” es otra composición de Lennnon, muy en la línea de “Because”, pero sin ese aspecto sombrío, sino todo lo contrario, incluyendo al final unas cuantas palabras en un sensual italiano.

“Maxwell silver hammer” y “You never give me your money” comparten características clásicas de las composiciones de Paul, con esa visión de tiempos pasados imprecisos. En cambio “I want you” es otra vez, un anticipo claro de lo que serán los 70, estableciendo cánones sobre los que grupos como Led Zeppelin basarán su trabajo, acordes pesados, una insistente melodía vocal, guitarra eléctrica despachando solos por doquier y ese final realmente hard. Paul continúa sus aportaciones en el LP con “Oh Darling” una canción totalmente años 50 y algunos bosquejos como “Golden slumbers” y “Carry that weight”, ambas con un trasfondo cercano al góspel, pero con la segunda desmarcándose con unos solos de guitarra de lo más autocomplacientes.

Lennon termina sus aportaciones con “Polytheme Pam” que parece sacada de la primera época del grupo y “Her Majesty” en una feroz burla contra la realeza y todo lo que eso significa. Desde luego Lennon nunca aceptó de muy buen agrado su papel de Miembro de la Orden, así que aquí dejaba las cosas claras justo antes de la devolución de dicha medalla en vuelta en papel higiénico, en un gesto de suprema rebeldía, y por el que al final se vio obligado a abandonar Inglaterra.

Ringo hacia su aportación definitiva a la discografía de los Beatles con la composición de “Octopus Garden”, combinando su adorado estilo country rock con un estribillo muy logrado, conectando directamente en espíritu y temática con “Yellow submarine”, en donde un mundo infantil emerge con toda su fantasía.

Un single había antecedido a este “Abbey Road”, se titulaba “The Ballad of John and Yoko”, y en la cara B tenía una composición de Harrison “Old Brown Shoe”. La primera era, por cierto, un canto de Lennon a su nuevo amor, en un gesto de demostración de que Yoko no debía ser tomada como causante de la crisis del grupo; no sirvió de mucho pues la prensa se encargaba de ponerla como enemiga número uno de los Beatles como unidad. La verdad es que a pesar de que su constante e inquietante presencia en las sesiones de grabación del álbum blanco y de “Let it be”, no fue ella causa de mafia, Paul y John estaban bastante enfrentados por luchas de poder y por una cada vez mayor distancia en sus gustos musicales, además estaba el asunto Apple y todo el peso que eso significaba. Yoko Ono simplemente fue una excusa más para discusiones y reproches.

Musicalmente el single era un adelanto de lo que sería el LP “Let it be”, o sea rock and roll de lo más básico, cercano al purismo, pues si en el álbum blanco se entreveían elementos psicodélicos y de pop, este era todo lo contrario. El resultado es un estilo cercano al road rock, que tanto éxito tuvo en el paso de una década a otra.

Los Beatles durante este 1969 ya no eran prácticamente grupo, sino cuatro personas que compartían un negocio común y no tenían necesidad de verse para nada. Cada uno hizo sus propias cosas, Harrison se lo pasaba muy bien tocando con Eric Clapton, Ringo empezó su carrera como actor con la película “Candy” y más tarde, de manera más afortunada, con “The Magic Christian” protagonizada al lado de Peter Sellers. Paul se había casado por segunda vez, con Linda Eastman, durante marzo, y dedicaba gran parte de su tiempo a los estudios Apple como arreglista. John por su parte, hizo lo misma en el mismo mes, pero se fue a celebrar su boda con Yoko Ono a Ámsterdam, donde iniciaron sus campañas por la paz con un “In-bed” que consistía en rodearse de carteles por la paz y permanecer en cama, respondiendo a todo tipo de preguntas a las televisiones y siempre insistiendo en la paz. El acto fue ofensivo para muchos, puesto que se trataba de su luna de miel, pero ellos prefirieron rodearse de periodistas y empezar a “publicitar la paz”. Después repitieron lo mismo en Montreal, Canadá, e introdujeron una variación a su estrategia durante su estancia en Viena, donde en vez de un “In-bed” realizaron un “bagism” metiéndose ambos en una bolsa y situándose en plena recepción de un lujoso hotel austríaco. Celebraron el acontecimiento grabando “Give Peace a Chance”, el primer hit de Lennon fuera de los Beatles.

La recta final del grupo se acercaba. Lo que quedó de las abortadas sesiones del “Let it be” fue entregado a Phil Spector, con la esperanza de que con su prestigiosa “pared de sonido” lograse algo bueno de todo ello. Como Phil Spector era un perfeccionista casi maníaco, el lanzamiento se veía postergado una vez tras otra. Meses de espera en los que los Beatles se disolverían definitivamente.

John Lennon había anunciado su abandono del grupo, pero lo hizo personalmente a Paul y a Allen Klein; ambos le pidieron que guardase silencio hasta que “Let it be” estuviera listo, John aceptó. Paul por su parte se sentía cada vez más infeliz con lo que Phil Spector estaba haciendo a las canciones del LP, y para relajarse grababa lo que después sería su primer LP en solitario. Cuando lo terminó decidió publicarlo el 10 de abril de 1970, con una carta abierta en la funda del disco en la que anunciaba las razones de la separación definitiva del grupo. John no le perdonó jamás este gesto, que él interpretó como mera treta publicitaria para vender su LP “McCartney”. Paul se defendía diciendo que se sentía culpable respecto a los fans. Ringo y George no se sorprendieron demasiado de todo esto, puesto que estaban ya bastante alejados de todo lo que concernía a los Beatles.

“Let it be” fue publicado por fin en mayo de 1970, y fue anunciado paralelamente con el lanzamiento del single titulado de la misma forma y con “You know my name” como cara B. El LP no tenía la energía ni el magnetismo de sus anteriores LPs, pero contenía algunas bellezas como “Across the universe”, compuesta y ejecutada al parecer sólo por John. “Across the universe” es una intimista pieza de imágenes surrealistas y llena; de convicción: “nada cambiará mi mundo”. A pesar de que la magia era póstuma, surtía gran efecto; esos sonidos borrosos por detrás de la guitarra acústica y la voz, nos sugerían astros y espacio infinito, haciendo eco perfecto de la letra. “The Long and Winding Road” tuvo menos suerte porque los arreglos de cuerda están divorciados de lo que en verdad hubieran hecho los Beatles de haberse involucrado con ganas en este disco. “Let it be” está bien como canción que marcó el final del grupo, y además tiene un sentimiento góspel bastante bien logrado, conque el mensaje complaciente dice mucho del futuro de McCartney como solista. “For your blue” es una canción de Harrison, llena de slide-guitar que era lo que por la época le encantaba a George. “Get Back”, conocida ya desde antes puesto que se lanzó como single en abril de 1969, viene aquí como la producción añadida de Phil Spector y es un muy efectivo road-rock en el que podemos escuchar un virtuoso solo de piano ejecutado por Billy Preston, pianista negro muy recocido reclutado para este LP, can el ánimo de realzar el espíritu casi tradicional que puebla el disco. Los demás temas no gozan de las características necesarias para encumbrar a este “Let it be” junto a lo mejor de su obra, puesto que es evidente su falta de acabado. Esto quedó patente en la película que se lanzó junto al LP y en donde podemos apreciar muy bien el porqué los Beatles no podían continuar más tiempo juntos.

No queremos insistir más en estos aspectos tristes inherentes a todo final inevitable, y nos gustaría dejar claro que todos recordáramos nuestra canción favorita en los Beatles, sin preocuparnos de nada más, e inundáramos nuestro espíritu con esas sonrisas con las que ellos nos enseñaron un día a comprender qué significa ser jóvenes ahora, ayer y siempre.

“Todo lo que necesitas es amor”… seamos ingenuos y puros por un momento infinito.

Fuente:

Duoips

Meet The Beatles for real

The Beatle Source

 

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Un pensamiento en “The Beatles de 1956 a 1970 + documental 1982

  1. es una de los mejores documentales que esté en el internet. Excelente trabajo y no hay duda de que queda plasmado más allá , de quienes fuerón the beatles.

Pues creo que...

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